
Baron llegó a nuestras vidas en 2011 y durante seis años fue ese ser que te esperaba cada vez que abría la puerta, que dormía en tu regazo mientras veías televisión y que encontraba la forma de hacerse un lugar en cada rincón de la casa, hasta en los sitios donde supuestamente no se podía. Te conocimos a través de sus costumbres: esos paseos donde paraba para oler cada árbol como si fuera la primera vez, la manera en que te pedía permiso con la mirada antes de subirse al sofá, y esa particular forma de ronronear que más parecía un suspiro de satisfacción cuando le acariciábamos la cabeza. Se fue en 2017 dejando un silencio diferente en el hogar, ese tipo de ausencia que se siente cada mañana cuando no escuchas sus pasos, y los que lo quisimos quedamos sabiendo que algunos seres vivos te cambian la forma de amar sin decir una sola palabra.
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