
Bella llegó a nuestras vidas en 2009 y durante doce años nos enseñó que la felicidad estaba en los detalles más simples: ronronear en la falda mientras veíamos televisión, exigir atención a las tres de la mañana con sus maullidos inconfundibles y seguirnos por toda la casa como si fuéramos lo más importante del mundo. Era una experta en encontrar los lugares más incómodos para dormir, esos rincones que nadie elegiría pero que ella convertía en su trono particular, y tenía un don especial para saber exactamente cuándo nos sentíamos mal y acercarse sin hacer preguntas. Se fue en 2021 dejando un silencio en la casa que todavía no logramos llenar, esos espacios vacíos donde solía esperar nuestro regreso y esa sensación de que algo fundamental se fue con ella.
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