
Beto fue ese gato que se dormía en nuestro regazo mientras veíamos televisión y que ronroneaba tan fuerte que parecía una máquina pequeña instalada en el living. Durante siete años nos enseñó que la felicidad estaba en las cosas simples, como perseguir un rayo de sol por toda la casa o recibir caricias en el momento exacto en que vos las necesitabas sin que dijeras nada. Se fue en 2022 dejando un vacío en cada rincón de la casa, en esos lugares donde solía esperar nuestro regreso y donde ahora solo queda el silencio de su ausencia.
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