
Blanquita llegó a nuestra casa en 2016 y durante once años fue la que nos enseñó a entender sus maullidos particulares, esos ronroneos que solo salían cuando se sentía segura en el regazo, y la forma en que nos esperaba cada tarde en la ventana con esa paciencia que solo ella tenía. Vos eras la que dormía en la almohada al lado nuestro, la que nos seguía de habitación en habitación sin hacer ruido, la que nos miraba fijo a los ojos como si supieras exactamente qué estábamos sintiendo, y eso que hacías con las patas cuando estabas contenta dejó un hueco que no se llena. Se fue en 2027 dejando la casa demasiado silenciosa, las escaleras vacías de tus pisadas, y la certeza de que los once años que compartimos fueron los más lindos porque los vivimos con vos.
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