
Blanquita era esa presencia silenciosa que se metía en nuestros brazos justo cuando más la necesitábamos, ronroneando como si supiera exactamente qué nos faltaba en el alma. Vos eras de esas que se dormían en el rincón más raro de la casa, en lugares imposibles que nadie entendía cómo encontrabas, y luego aparecías de repente pidiendo mimos en los momentos más inesperados. Estos cinco años que compartimos dejaron un vacío en la casa que ningún rincón puede llenar, porque tu forma de estar con nosotros era completamente tuya, inigualable e irrepetible.
Sé el primero en dejar un mensaje