
Bobby fue el primero en recibirnos cada vez que volvíamos a casa, saltando con esa alegría que parecía renovarse cada día durante estos trece años, y sus ojitos brillaban más cuando nos veía llegar con las compras sabiendo que tal vez había algo para él. Tenía ese don de saber exactamente cuándo necesitábamos su compañía en silencio, acercándose a apoyar la cabeza en nuestras rodillas sin pedir nada más que estar ahí, eso que no se aprende pero que Bobby hacía con una naturalidad que nos dejaba desarmados. La casa ahora tiene un silencio distinto, ese que notás en los rincones donde siempre estaba durmiendo, en la puerta donde esperaba nuestros pasos, en esos rituales diarios que compartimos durante tanto tiempo y que nos enseñaron qué significa amar sin condiciones.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →