
Boby fue ese gato que se dormía en nuestras faldas cada atardecer y nos despertaba ronroneando antes de que suene la alarma, como si supiera exactamente cuándo lo necesitábamos. Con sus ocho años nos enseñó que la felicidad estaba en las cosas simples: una ventana abierta, un rayo de sol y la certeza de que alguien lo estaba esperando en casa. Dejó un silencio en la cocina donde comía, en esa silla donde se acurrucaba, y en nuestros brazos que aún no se acostumbran a no tenerlo.
Liliana Ruiz
7 de abril de 2026
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
Marcos Benítez
24 de marzo de 2026
Siempre lo voy a recordar. Un beso grande.
Julieta Ibáñez
8 de noviembre de 2025
Un abrazo fuerte. El dolor de perder a un compañero es enorme.
Damián Ponce
5 de mayo de 2025
Los que tuvimos la suerte de conocerlo lo vamos a recordar siempre.