
Boby fue ese perro que se despertaba con vos cada mañana y te seguía por toda la casa como si fueras lo más importante del mundo, esperando pacientemente en la puerta del baño o durmiéndose a los pies de la cama mientras hacías las tareas. Tenía esa costumbre hermosa de pedir permiso antes de subirse al sofá, apoyando apenas la cabeza en el borde para mirar si le dabas el visto bueno, y pasaba las tardes de lluvia hecho un ovillo en el rincón que más luz tenía de la casa. Dejó un vacío que no se llena, ese silencio cuando no escuchás el sonido de sus patas en el piso o cuando llega alguien a la puerta y no está ahí moviendo la cola como si fuera la mejor noticia del día.
Hernán D.
25 de junio de 2026
Llorando con ustedes desde lejos. Un beso.