
Bruno llegó a nuestras vidas en 2014 y durante trece años fue el que nos despertaba cada madrugada con sus maullidos exigentes, el que se acostaba en nuestras camas sin pedir permiso y el que insistía en acompañarnos a la cocina cada vez que abríamos la heladera, como si fuera su responsabilidad supervisar cada cosa que hacíamos. Tenía esa costumbre hermosa de ronronear mientras nos miraba a los ojos, como si nos estuviera contando secretos, y los domingos por la tarde se tumbaba en el piso de la sala a tomar sol mientras nosotros mirábamos televisión, formando parte del silencio tranquilo de esas horas que ahora extrañamos. Se fue en 2027 dejando su huella en cada rincón de la casa, en nuestras manos que acostumbraban a acariciar su cabeza, y en esos momentos que compartimos todos juntos donde él simplemente
Roberto Herrera
22 de mayo de 2026
Qué difícil. Solo sé que lo amaron mucho y eso es todo.
Nicolás Fuentes
13 de abril de 2026
Acompañamos en el dolor. Un abrazo.
Susana López
17 de diciembre de 2025
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Ana García
8 de agosto de 2025
Los animales nos dejan tan rápido y nos marcan para siempre.
Micaela Molina
21 de julio de 2025
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
Roberto Herrera
15 de abril de 2025
Los que amamos a los animales sabemos lo que cuesta despedirse.