
Bruno llegó a nuestras vidas en 2010 y durante seis años fue el que nos despertaba cada mañana saltando a la cama, exigiendo que le abriéramos la ventana para ver pasar a los pájaros mientras ronroneaba sin parar. Vos tenías ese don de aparecer justo cuando alguien estaba triste en casa, como si supieras exactamente quién te necesitaba ese día, y te acurrucabas en sus brazos hasta que todo mejoraba un poco. Desde que te fuiste en 2016 quedó un silencio en la casa que no es el mismo, y cada vez que alguien se sienta al sofá espera sentir tu peso saltando al regazo, pero ya no está ese ronroneo que nos hacía saber que todo iba a estar bien.
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