
Buba fue ese gato que se dormía en nuestro regazo mientras veíamos televisión y nos despertaba a las seis de la mañana maullando porque ya era hora de desayunar juntos. Vos sos el que nos enseñó que la mejor forma de pedir perdón era frotar la cabecita contra nuestras manos y ronronear como si nada hubiera pasado. Desde que te fuiste en 2015 dejaste un silencio en la casa que aún no sabemos bien cómo llenar, pero cada vez que alguien se sienta en ese sofá recordamos exactamente dónde solías acurrucarte.
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