
Buba llegó a nuestras vidas en 2012 y durante 16 años fue el que nos esperaba en la puerta cada vez que volvíamos, con ese movimiento de cola inconfundible que llenaba cualquier día gris de alegría instantánea. Tenía esa costumbre de apoyar la cabeza en nuestras rodillas cuando notaba que algo nos preocupaba, como si supiera exactamente cuándo necesitábamos su presencia silenciosa y su calor al lado nuestro. Se fue en 2028 dejando un silencio en la casa que duele cada mañana, porque los 16 años que compartimos no fueron suficientes para acostumbrarnos a la idea de vivir sin ese latido de patas en el piso que marcaba el ritmo de nuestros días.
Vanesa Ríos
7 de octubre de 2025
No sé qué decir, solo que estoy acá y los abrazo.
Vanesa Ríos
17 de junio de 2025
Que en paz descanse. Se merecía todo lo bueno.
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