
Buba llegó a nuestras vidas en 2016 y durante siete años fue ese ser que nos esperaba en la puerta cada vez que llegábamos a casa, moviendo la cola como si acabáramos de regresar de la guerra, y que se acostaba a nuestros pies mientras comíamos porque simplemente quería estar donde estábamos nosotros. Tenía esa costumbre de seguirnos por toda la casa de un cuarto a otro, de meterse bajo la mesa cuando había tormenta eléctrica buscando cobijo en nuestras piernas, y de esos ladridos que soltaba al atardecer como si quisiera contarnos cómo había sido su día mientras nosotros nos preparábamos la cena. Se fue en 2023 dejando en cada rincón del hogar un vacío que no se llena, esa ausencia de su respiración tranquila en la noche y esa forma tan particular que tenía de mirarnos que decía sin palabras cuánto nos quería
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