
Canela fue ese gato que se despertaba con nosotros cada mañana ronroneando en la almohada y que insistía en acompañarnos a la cocina como si fuera parte de la rutina más importante del día. Vos sos el único que se atrevía a dormir en la cama con las cuatro patas estiradas sin pedir permiso, y que nos miraba con esa expresión de complicidad cuando nos encontraba llorando, saltando a nuestro regazo en silencio. Dejaste un espacio en la casa que ninguna otra presencia puede llenar, ese rincón donde solías esperar nuestro regreso y esas noches donde ahora nos falta sentir tu peso tibio junto a nosotros.
Sé el primero en dejar un mensaje