
Canela vos sos el que nos enseñó que la alegría verdadera estaba en esos momentos simples, como cuando esperabas ansioso en la puerta cada vez que alguien llegaba a casa y saltabas sin control por la pura felicidad de vernos. Te acordás de esas tardes en el patio donde te quedabas horas persiguiendo las sombras de las hojas, convencido de que atrapabas algo importante, y nosotros te mirábamos desde la ventana sonriendo sin poder dejar de hacerlo. Dejaste un silencio en los rincones donde solías echarte a dormir y un espacio en nuestro pecho que no se llena, pero cada vez que recordamos tu manera peculiar de ronronear sin motivo alguno entendemos que vos fuiste parte de quiénes somos.
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