
Capi llegó a nuestras vidas en 2013 y durante once años fue esa presencia constante que nos esperaba en la puerta cada vez que regresábamos a casa, moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía. Te gustaba dormir en los lugares más incómodos de la casa, siempre eligiendo el rincón del pasillo antes que cualquier cama que te preparáramos, y tenías esa costumbre de apoyar tu cabeza en nuestras piernas cuando necesitabas decirnos algo sin palabras. Tu partida en 2024 dejó un silencio en la casa que no sabemos cómo llenar, porque no solo perdimos a alguien que vivía con nosotros, sino los rituales cotidianos que tejimos juntos durante once años.
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