
Chispa fue ese perro que se despertaba cada mañana saltando en la cama para asegurarse de que nadie se iba sin su ritual de mimos, y que después se pasaba las tardes tumbado en el mismo rincón del living esperando que volviéramos a casa aunque solo hubiéramos salido diez minutos. Tenía esa costumbre de ladrar a las hojas que volaban por la ventana como si fueran intrusos, y de robarse las pantuflas de papá para esconderlas debajo de su cama, gestos que ahora extrañamos más de lo que imaginamos. Desde que te fuiste en 2020 quedó un silencio raro en la casa, ese que solo deja un perro que amó con la simpleza y la verdad de los que no saben fingir, y que nos enseñó sin palabras lo que significa querer sin condiciones.
Sé el primero en dejar un mensaje