
Choco llegó a nuestras vidas en 2012 y durante once años fue ese ser que nos esperaba en la puerta cada vez que volvíamos a casa, ronroneando como si hubiera pasado una eternidad sin vernos, aunque hubiese sido solo unas horas. Te acuerdas de cómo se acostaba siempre en el mismo rincón de la cocina mientras cocinábamos, observándonos con esa paciencia infinita, y cómo pedía permiso para subirse a nuestras faldas en las noches de frío o tristeza. Se nos fue en 2023 dejando un vacío que no se llena, ese silencio en la casa donde antes resonaba su maullido y ese espacio vacío donde solía dormir que seguimos mirando sin poder acostumbrarnos a que ya no esté.
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