
Choco fue esa presencia silenciosa que nos esperaba cada tarde en la puerta, moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía, y esa costumbre de dormir con la cabeza apoyada en nuestros pies nos hizo sentir que siempre estábamos en casa. Vos tenías esa gracia de robar comida de la mesa con una inocencia que nos hacía reír en lugar de enojar, y la manera en que te asomabas por la ventana para saludar a los vecinos se convirtió en algo que todos extrañamos. Diez años fueron pocos para medir todo lo que nos diste, porque dejaste un vacío que los demás perros de la casa todavía buscan llenar en los rincones donde vos solías estar.
Sé el primero en dejar un mensaje