
Cleo llegó a nuestra casa en 2006 y durante once años fue la razón por la que corríamos a casa después del trabajo, con ese entusiasmo de quien sabe que alguien lo estaba esperando con la cola moviéndose sin parar. Te acordás cómo se metía en la cocina cada vez que cocinábamos, oliendo todo con esa curiosidad infinita, y cómo insistía en dormir en los pies de nuestra cama aunque le dijéramos que no, porque para vos ese era tu lugar en el mundo. Cuando te fuiste en 2017, quedó un silencio en la casa que todavía a veces nos duele, ese vacío que dejan las presencias que no son ruido sino compañía pura, y sabemos que vos seguís siendo parte de quiénes somos.
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