
Cleo sos vos la que nos despertabas cada mañana con tus saltos en la cama y esos gemiditos ansiosos esperando que fuéramos a caminar por el barrio, siempre atenta a quién pasaba por la vereda para saludar con la cola. Te acostumbrabas a esperar en la puerta cuando nos íbamos al trabajo y escuchabas cada ruido de la calle para reconocer cuando volvíamos, recibiendo a cada miembro de la familia como si hubiese pasado una eternidad. Dejaste un silencio extraño en casa desde que no estás, esos lugares donde te acostabas a descansar ahora duelen más que antes y nos cuesta acostumbrarnos a no sentir tu presencia calentita cerca nuestro.
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