
Coco tenía ese don especial de sentir exactamente cuándo necesitábamos que alguien se recostara a nuestro lado sin pedirlo, como si llevara un radar invisible de nuestras tristezas. Vos te despertabas cada mañana con esos ojitos esperanzados buscando la rutina del paseo, y aunque fuera lluvia o frío, salías convencido de que ese día iba a pasar algo extraordinario en la vereda. Se fue en 2021 y dejó un silencio en la casa que todavía nos sorprende, ese vacío particular que solo ocupaba vos cuando ponías la cabeza en nuestro regazo.
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