
Cometa tenía la costumbre de esperarnos cada tarde en la ventana, ronroneando antes de que abriéramos la puerta, como si supiera exactamente a qué hora volvíamos a casa. Vos eras el que se dormía en nuestras faldas durante las películas de los domingos, y tu ronroneo era tan fuerte que a veces no escucháamos el diálogo. En 2023 se fue dejando un silencio en esos lugares donde siempre estabas, y ahora cada rincón de la casa te extraña con una ternura que no se nos va.
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