
Conde llegó a nuestras vidas en 2005 y durante doce años nos despertó cada mañana con su insistencia de pasear antes de que saliera el sol, recorriendo las mismas calles como si fuera el dueño del barrio entero. Vos tenías esa costumbre de apoyar tu cabeza en nuestras rodillas mientras veíamos televisión, como si supieras exactamente cuándo necesitábamos tu presencia tranquila y sin pedir nada a cambio. Desde que te fuiste en 2017 la casa quedó diferente, más silenciosa, y seguimos mirando la puerta esperando escuchar tus pasos corriendo hacia nosotros como hacías cada vez que volvíamos a casa.
Sé el primero en dejar un mensaje