
Cuca fue esa presencia silenciosa que se instalaba en nuestro regazo apenas nos sentábamos, ronroneando como si celebrara cada momento que compartíamos juntos durante esos diez años llenos de rutinas compartidas y caricias inesperadas. Te acordás cómo esperaba en la ventana cada tarde, atenta a los sonidos de la puerta, como si supiera exactamente cuándo volvíamos y quisiera ser la primera en recibirnos con esa forma tan suya de frotarse contra nuestras piernas. Dejaste un vacío en la casa que no es solo la ausencia de tus saltitos por los muebles o tu maña de meterte bajo las sábanas, sino la falta de esa certeza de estar siendo amados sin condiciones, tal como lo hacías vos todos los días.
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