
Cuca llegó a nuestras vidas en 2016 y durante ocho años fue la que decidía cuándo era hora de jugar, cuándo necesitábamos su ronroneo en el regazo y cuándo debíamos dejarla dormir en paz en su rincón favorito junto a la ventana. Vos eras la que nos esperaba en la puerta cada vez que llegábamos, la que dormía sobre nuestras camas como si fueran suyas, y la que con ese temperamento inconfundible hacías que cada día en casa fuera completamente tuyo. Te vas dejando un silencio que duele en los lugares donde solías estar, en esos gestos cotidianos que ya no van a ser iguales y en el espacio del corazón que vos ocupaste desde el primer día y que ahora es solo tuyo.
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