
Cuca tenía la costumbre de esperarnos cada tarde en la ventana, ronroneando antes de que abriéramos la puerta, como si supiera exactamente a qué hora volveríamos a casa. Sus mañanas eran sagradas para ella: maullaba hasta que alguien se despertaba para acompañarla al patio, donde pasaba horas observando los pájaros con esa paciencia infinita que solo ella sabía tener. Dejaste un silencio en los rincones de la casa que antes habitabas, Cuca, y en los ojos de quienes te vimos crecer durante todos estos años.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →