
Cuca fue siempre ese ser que nos esperaba en la puerta con toda su alegría intacta, sin importar si nos habíamos ido cinco minutos o cinco horas, y esa pureza de su recibimiento se convirtió en lo más hermoso de nuestros días durante dieciséis años. Te encantaba rondar la cocina cuando alguien estaba cocinando, seguir cada movimiento con esa paciencia infinita que solo vos tenías, y luego acomodarte en tu rincón favorito como si fueras parte de la familia que te rodeaba. Dejaste un silencio que duele en esos lugares donde vos solías estar, en esa costumbre de buscarte apenas algo importante nos pasaba, porque siempre fuiste nuestra compañía más honesta y nuestra razón para volver a casa.
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