
Cuca llegó a nuestras vidas en 2014 con esa forma única de saltar cada vez que alguien abría la puerta, como si fuera la primera vez que nos veía después de años, y esa costumbre de meterse en la cama a los pies nuestro en las noches frías se convirtió en el ritual que más extrañamos. Durante seis años nos enseñó que la felicidad estaba en las cosas simples: en las caminatas por el barrio donde saludaba a cada vecino como si fuera su mejor amigo, en esos momentos donde se acostaba en nuestro regazo y nos miraba fijo a los ojos sin pedir nada, solo estando. Cuando Cuca se fue en 2020 se llevó consigo esa presencia tranquila que había tejido en cada rincón de la casa, dejando un vacío que ningún otro animal podría llenar porque ella fue ella, inconfundible e irrepetible.
Facundo B.
22 de junio de 2026
Llorando con ustedes desde lejos. Un beso.
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