
Diva fue ese ser que te recibía con toda la alegría del mundo cada vez que cruzabas la puerta, saltando y girando como si fueras la noticia más importante de su día, y esa energía contagiosa llenaba cada rincón de la casa sin importar qué tan gris estuviera todo afuera. Tenía esa costumbre de acurrucarse exactamente en tus pies cuando te sentabas a leer o a pensar en voz alta, como si supiera que algunos de los momentos más difíciles necesitaban de su peso tranquilizador y su compañía silenciosa. En estos años desde que nos dejaste extrañamos esas tardes de juego, tus ganas de vivir cada instante sin postergaciones, y ese vacío particular que te llevaste, ese espacio que nadie más puede ocupar porque vos eras única, Diva.
Pablo H.
17 de julio de 2026
Cuánto amor en tan poco tiempo.