
Diva fue ese ser que te recibía con toda la alegría del mundo cada vez que cruzabas la puerta, saltando y girando como si fueras la noticia más importante de su día, y esa energía contagiosa llenaba cada rincón de la casa sin importar qué tan gris estuviera todo afuera. Tenía esa costumbre de acurrucarse exactamente en tus pies cuando te sentabas a leer o a pensar en voz alta, como si supiera que algunos de los momentos más difíciles necesitaban de su peso tranquilizador y su compañía silenciosa. En estos años desde que nos dejaste extrañamos esas tardes de juego, tus ganas de vivir cada instante sin postergaciones, y ese vacío particular que te llevaste, ese espacio que nadie más puede ocupar porque vos eras única, Diva.
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