
Diva fue esa presencia que transformaba hasta los días más grises con su forma única de exigir atención, saltando al regazo en los momentos justos cuando más la necesitábamos y recordándonos que la vida merecía ser vivida sin apuros. Vos eras experta en las rutinas de la casa, en saber exactamente a qué hora esperabas tu paseo, tu comida y ese rato de quietud en el sofá donde nadie más podía sentarse porque ese era tu lugar sagrado. Durante catorce años dejaste marcas invisibles en cada rincón de nuestras vidas y ahora el silencio de tu ausencia es lo que más nos duele, porque no hay día en que no esperemos escuchar ese sonido familiar que sos vos.
Sé el primero en dejar un mensaje