
Doki fue ese perro que se dormía en nuestro regazo apenas nos sentábamos en el sofá, como si hubiera estado esperando todo el día ese momento exacto para estar cerca de nosotros. Durante siete años nos enseñó que la alegría verdadera estaba en las cosas simples: una pelota gastada, un paseo por la manzana, y esa forma particular que tenía de saludar moviendo todo el cuerpo cuando llegábamos a casa. El silencio de Doki en la puerta de la cocina, donde siempre se acostaba mientras cocinábamos, dejó un vacío que todavía nos duele y que nos recuerda cada día cuánto amor cabe en una sola vida.
Vanesa Ríos
9 de abril de 2026
Siempre en nuestros corazones. Qué suerte haber podido conocerlo.
Mariano Campos
11 de diciembre de 2025
No sé qué decir, solo que estoy acá y los abrazo.
Patricia Díaz
5 de diciembre de 2025
Los animales nos dejan tan rápido y nos marcan para siempre.
Claudia Pérez
17 de agosto de 2025
Que hermoso homenaje. Merece cada palabra.