
Duna llegó a nuestras vidas en 2017 y durante quince años fue ese ser que te esperaba en la puerta cuando llegabas a casa, que ronroneaba mientras vos trabajabas en el escritorio y que insistía en dormir exactamente sobre tu pecho cada noche sin falta. Tenía ese don particular de saber cuándo alguien estaba triste en la familia y se acercaba en silencio para quedarse ahí, sin pedir nada, solo acompañando con su presencia mientras todo se sentía más liviano. Se fue en 2032 dejando un espacio en la casa que ningún otro ruido ni movimiento logra llenar, esos segundos de quietud en la mañana cuando esperamos escuchar sus pasos y no vienen, eso que duele diferente cada día.
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