
Estrella fue ese perro que despertaba cada mañana esperando que alguien abriera la puerta para sentarse en el patio y observar el mundo pasar, como si tuviera todo el tiempo del universo para entender cómo funcionaban las cosas. Te acordás de cómo se acercaba sin ruido cuando alguien estaba triste en casa, apoyando su cabeza en las rodillas como si supiera exactamente qué necesitaba cada uno de nosotros en los momentos más difíciles. Durante doce años dejaste un rastro de patas en cada rincón de esta casa y ahora los silencios son más profundos, porque falta ese sonido pequeño que hacías al respirar mientras dormías al lado de nuestras camas.
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