
Estrella llegó a nuestras vidas en 2012 con una curiosidad sin límites y esa forma única que tenía de ladrar cuando le hablábamos, como si quisiera contestarnos cada palabra, acompañándonos en cada rincón de la casa y cada salida al barrio durante once años. Lo que más vamos a extrañar es ese ritual de cada mañana cuando se sentaba a nuestros pies mientras desayunábamos, con los ojos fijos pidiendo que le diéramos un pedacito, y cómo sabía exactamente cuándo llegábamos a la esquina de casa incluso antes de escuchar el portón. Dejás un silencio en las tardes, una ausencia en la puerta que no volverá a abrirse con esa cola moviéndose, y un agujero en nuestro pecho que solo vos podés haber hecho por amarnos de la forma tan pura en que lo hiciste.
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