
Fifi fue durante doce años ese ser que nos esperaba en la ventana cada atardecer, ronroneando mientras nos contaba con sus maullidos toda la historia del día que había pasado en la casa. Vos eras la que dormía en nuestras camas sin pedir permiso, que se subía a nuestros hombros cuando estábamos tristes y que insistía en acompañarnos a cada rincón, como si fueras responsable de cuidarnos. El silencio que dejaste en esa ventana, en esas manitas que golpeaban la puerta para entrar, en esos ronroneos que nos mecían, es lo que más nos duele y lo que siempre vamos a extrañar de vos.
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