
Fifi llegó a nuestras vidas en 2018 y durante once años nos despertó cada mañana saltando a la cama con esa urgencia irresistible de que alguien le abriera la canilla del baño, su ritual sagrado que repetía sin falta. Te gustaba más que nada acurrucarte en la falda de quien estuviera leyendo en el sillón, ronroneando tan fuerte que parecía que ibas a despegar, y esos momentos de paz que compartimos vos y nosotros son los que extrañamos con más ganas. Dejaste un hueco en la casa que no es solo la ausencia de tu presencia, sino la falta de esas cosas que solo vos hacías a tu manera, sos irreemplazable y siempre vas a estar en las cosas cotidianas que ahora nos duelen de tanto quererte.
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