
Fifi llegó a nuestra casa en 2005 y durante nueve años fue esa presencia constante que nos esperaba en la puerta cada vez que volvíamos, moviendo la cola como si fuéramos las personas más importantes del mundo. Te encantaba dormir en el sofá con nosotros los domingos, roncar mientras nos mirabas de reojo y exigías que te rasguemos detrás de las orejas, sabiendo exactamente cómo manipularnos con esa mirada irresistible. Cuando te fuiste en 2014 dejaste un silencio extraño en casa, esos espacios vacíos donde solías echarte y la costumbre de buscarte en las habitaciones que ahora no son lo mismo sin vos.
Sé el primero en dejar un mensaje