
Fito llegó a nuestras vidas en 2013 y durante nueve años fue ese ser que te esperaba en la puerta con la cola a toda velocidad, que dormía apoyado en nuestros pies y que sabía exactamente cuándo necesitábamos un lamido en la cara para sonreír. Te acostumbraste a sus caminatas matutinas donde él paraba cada dos pasos para olisquear el mundo, a sus siestas al sol en el patio y a esos momentos en que simplemente se acostaba a tu lado sin pedir nada más que estar juntos. Cuando te fuiste en 2022 dejaste un silencio que todavía duele en las mañanas, en esos lugares de la casa donde estabas siempre, y la certeza de que nueve años nunca fueron suficientes para decirte todo lo que significaste para nosotros.
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