
Flor llegó a nuestras vidas en 2007 y durante catorce años nos despertó cada mañana con ese ritual inconfundible de saltos a la cama y lamidas que nos decían sin palabras que el día valía la pena. Vos tenías la costumbre de seguirnos por toda la casa como si fuéramos lo más importante del mundo, y en esas tardes de lluvia te acurrucabas entre nosotros en el sofá con un suspiro que parecía decir que todo estaba en orden mientras estuviéramos juntos. El silencio que dejaste en 2021 cuando te fuiste nos hizo entender que no es el tiempo que compartimos lo que duele, sino esa ausencia de tu presencia que cada rincón del hogar extraña todavía.
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