
Flor sos la que nos enseñaste a esperar en la puerta cada tarde, la que saltaba de alegría con cada regreso nuestro como si fuera la primera vez que nos veías en la vida. Te acordás que te encantaba perseguir las hojas en el patio y después traerlas adentro para compartirlas con nosotros, como si fuera el tesoro más valioso del mundo. Desde que te fuiste en 2020 la casa quedó más silenciosa, y esos momentos simples de verte dormir al sol o sentir tu cabeza apoyada en nuestras piernas se convirtieron en los recuerdos que más duelen de extrañar.
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