
Flor llegó a nuestra casa en 2016 y durante cinco años nos despertó cada mañana con sus saltos ansiosos hacia la puerta, como si cada día fuera la primera vez que descubría el mundo afuera. Vos tenías ese don especial de sentir cuando alguien estaba triste y te acercabas sin pedir nada, solo para estar ahí con tu cabeza apoyada en nuestras rodillas mientras nos mirabas con esos ojos que todo lo entendían. Se fue en 2021 y dejó un silencio en la casa que todavía duele, porque los rincones donde dormías, los paseos que compartimos y esas tardes de juego quedaron grabadas en nosotros de una forma que el tiempo no borra.
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