
Gatito tenía la costumbre de despertar al atardecer y corretear por su jaula con una energía que nos hacía sonreír cada vez que lo veíamos explorar cada rincón como si fuera la primera vez. Nos encantaba observar cómo guardaba semillas en sus cachetes y luego las escondía en lugares estratégicos de su territorio, como si fuera un pequeño arquitecto organizando su propio mundo. Desde que Gatito se fue en 2019 quedó un vacío en nuestras tardes, ese momento del día que ahora pasamos pensando en sus ojos curiosos y en cómo supo llenar nuestra casa con la simplicidad de su presencia.
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