
Gordo llegó a nuestra casa en 2018 y durante seis años nos regaló esas tardes infinitas en el sofá donde se acurrucaba entre nosotros como si fuera la parte más importante del hogar, ronroneando mientras veíamos pasar la vida juntos. Vos tenías ese don especial de saber exactamente cuándo alguien estaba triste y te plantabas en su regazo sin que nadie te lo pidiera, como si entendieras que a veces el silencio compartido y tu calor eran la mejor medicina. Se fue en 2024 dejándonos un vacío que sos vos, la forma en que nos saludabas cada vez que llegábamos, esos maullidos particulares que nadie más tiene, y la certeza de que durante estos años fuiste mucho más que un gato en nuestra familia.
Sé el primero en dejar un mensaje