
Kira fue nuestra pequeña explorador que pasó diez años saltando por cada rincón de la casa, despertándonos cada mañana con sus movimientos traviesos y ese ruido peculiar que hacía al rozar sus patitas contra el piso. Vos eras la que nos enseñó a entender un idioma sin palabras, con esos gestos que repetías cuando querías algo, con la forma en que te acercabas a nosotros buscando que te acariciemos justo en ese lugar que nadie más sabía encontrar. El silencio que dejaste en casa no es el que esperábamos cuando nos despedimos, y seguimos mirando el lugar donde solías estar, porque diez años de tu presencia quietita pero constante nos cambió para siempre.
Vanesa J.
23 de julio de 2026
Qué suerte la de esa familia de haberse encontrado.