
Kira fue nuestra pequeña explorador que pasó diez años saltando por cada rincón de la casa, despertándonos cada mañana con sus movimientos traviesos y ese ruido peculiar que hacía al rozar sus patitas contra el piso. Vos eras la que nos enseñó a entender un idioma sin palabras, con esos gestos que repetías cuando querías algo, con la forma en que te acercabas a nosotros buscando que te acariciemos justo en ese lugar que nadie más sabía encontrar. El silencio que dejaste en casa no es el que esperábamos cuando nos despedimos, y seguimos mirando el lugar donde solías estar, porque diez años de tu presencia quietita pero constante nos cambió para siempre.
Sé el primero en dejar un mensaje