
Kira llegó a nuestras vidas en 2014 y durante trece años fue la que nos despertaba cada mañana con sus saltitos ansiosos, la que nos esperaba en la puerta cuando volvíamos del trabajo y la que se acostaba sobre nuestros pies sin pedir permiso, como si fuera lo más natural del mundo. Tenía esa costumbre de seguirnos de habitación en habitación, nunca quería perderse nada de lo que hacíamos, y cuando nos sentábamos a comer apoyaba su cabecita en nuestras rodillas con una paciencia que nos enseñó qué era esperar sin quejarse. La casa quedó muda cuando se fue, porque el sonido de sus uñas en el piso, sus respiros mientras dormía y ese silbidito que hacía cuando le hablábamos son cosas que no sabemos cómo llenar, y probablemente nunca lo hagamos.
Adrián Mendoza
25 de mayo de 2026
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
Liliana Ruiz
17 de abril de 2026
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Leandro Gómez
18 de febrero de 2026
Esos ojos que te miraban con todo el amor del mundo. Eterno.
Federico Blanco
23 de noviembre de 2025
Qué hermosa historia. Qué suerte la de esa familia.
Ana García
21 de noviembre de 2025
Siempre lo voy a recordar. Un beso grande.
Susana López
17 de agosto de 2025
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Camila Quiroga
11 de junio de 2025
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Pablo Castro
14 de abril de 2025
Un abrazo. No hay palabras para este dolor.
Hernán Reyes
9 de diciembre de 2024
Qué difícil. Solo sé que lo amaron mucho y eso es todo.