
Kira tenía esa costumbre hermosa de esperarnos en la puerta cada vez que llegábamos, moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía en la vida, y eso que pasábamos juntos todos los días. Le encantaba meterse debajo de la mesa durante las comidas y apoyar su cabeza en nuestras piernas, pidiéndonos silenciosamente que compartiéramos un poco de lo que comíamos, y siempre terminaba consiguiendo algo. Se fue en 2022 dejando un silencio raro en la casa, ese que se siente en los rincones donde ella solía dormir y en esos momentos de la tarde cuando esperábamos escuchar sus pasos.
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