
Kiwi tenía esa costumbre de esperarnos en la ventana cada vez que nos ibamos y de saltar sobre nosotros cuando volvíamos, como si cada regreso fuera el primero de nuestras vidas. Sos de esos que dejás un hueco raro en la casa, en los silencios de la tarde cuando nadie está en el patio y en esas ganas que nos quedan de rascarte detrás de las orejas como hacíamos cada día. En 2021 te fuiste pero seguís estando en cada rincón donde dormías, en los juguetes que no pudimos guardar y en las historias que contamos una y otra vez de vos.
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