
Leia fue nuestra pequeña sombra durante cinco años, siempre en busca de ese rincón soleado donde acurrucarse mientras vos leías o trabajabas en casa. Te acordás cómo ronroneaba sin parar cuando le pasabas la mano por la cabeza justo antes de dormir, como si fuera su ritual sagrado para entrar en el mundo de los sueños. Dejaste un vacío en las mañanas cuando ya no escuchamos tus pasos trotando hacia la cocina, en esa costumbre tuya de aparecer apenas sonaba el abrelatas, esperanzada de que algo rico te tocara preparar.
Agustina Ortiz
17 de febrero de 2026
Siempre en nuestros corazones. Qué suerte haber podido conocerlo.
Claudia Pérez
6 de julio de 2025
Que hermoso homenaje. Merece cada palabra.
Sandra Rodríguez
3 de julio de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.