
Lola tenía la costumbre de esperarnos en la puerta cada vez que salíamos, y cuando volvíamos se transformaba en pura alegría, saltando y girando como si fuera la primera vez que nos veía en años. Sos la que nos enseñó a estar presentes en los momentos simples, a disfrutar de una siesta al sol o de una caminata sin apuro, recordándonos que lo importante estaba ahí mismo, en lo cotidiano. Desde que te fuiste en 2020 la casa suena diferente, y hay un silencio en esos rincones donde solías acostarte que todavía nos duele, pero cada vez que recordamos tus travesuras y tu forma de querernos sentimos que estás acá.
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